“Espectro” puede ser entendido como un ánima, un espíritu que aparece, una entidad confundible con un fantasma. En esta acepción, la forma que emerge porta algo de otro lugar y otro tiempo. A su vez, el vocablo también declina en la distribución de intensidad de una radiación en función de una magnitud, como la longitud de onda, la energía o la temperatura. Así mismo, alberga la posibilidad de aprehenderlo como el conjunto de las especies microbianas contra las que es activo un antibiótico. “Retro”, por su parte, suele comprender aquella característica que se inspira en modelos de otra época o que evoca un tiempo pasado, o en una exposición es la selección y exposición de un conjunto de obras que tiene por finalidad mostrar una trayectoria artística.

Retroespectro, de Agustín González Goytía, alberga todas estas declinaciones. No adhiere a una por sobre las otras, sino que las abraza. Encarna a todas y se contamina de todas. Las dispone en convivencia para que colisionen y exhiban problemas artísticos y culturales con los que trabaja hace años y con los que convivimos.

La memoria artística es una construcción social en la que se entrecruzan múltiples factores político-históricos que se encuentra en disputa por y con otras inscripciones culturales. Opera como legado que propone identificaciones relativas a la imaginación, la visualidad, el comportamiento. Funciona como un dispositivo y alberga una performatividad. Saber estas dimensiones y tomar una postura con respecto a ello, constituye un acto político.

Retroespectro expone no sólo problemas relativos al lenguaje de la pintura sino también a los de su exhibición. Aquí, en esta diagramación espacial se da a ver el momento en el que las imágenes aparecen, se muestran o se buscan encontrar. Es

decir, Agustín González Goytía trabaja con el problema de la configuración de imágenes, la memoria artística, su mostración y ocupación en el espacio dentro del lenguaje pictórico.

Agustín tiende a denominar estas obras organismos. Entidades vivas que, en su disposición cercana a otras, se adhieren y expanden por cercanía, por colisión, en apareamiento. Se comportan como células que se agrupan y aun manteniendo su individualidad, componen escenas amplias. En esta nueva serie conjuga obras que realizó desde el 2014 con otras más recientes para conformar un conjunto específico para esta muestra que, a través del collage, configuran otro artefacto. Así, cada obra puede albergar distintos tiempos, diversas materialidades, soportes y estructuras que reviven imágenes y señalan su pervivencia que, en su exhibición, puntualizan en el montaje como operación primordial.

En este sentido, el montaje aparece no sólo en la disposición de obras en el espacio sino también como herramienta intelectual para la colisión imágenes. Interrumpe una posible narración verosímil y lineal a través de la incorporación de múltiples capas complejas de escenas, episodios enredados entre sí. Es una herramienta que muestra a la memoria como un proceso, en constante conformación. Así, motivos, procedimientos, traen aspectos del pasado latentemente cercano y señalan su rasgo distintivo: es un asunto vivo, actuante y presente.

De esta manera, Agustín expone un procedimiento artístico. Telas de varios materiales como gabardina, jean, lino, lienzo son soportes y superficies que albergan pinturas de impronta figurativa, abstracta y en convivencia. Algunas de ellas soportan mucha carga matérica sobre el lienzo crudo, lo que les da una fisicalidad corporal; otras son más livianas y etéreas y exhiben el teñido como operación. Unas están embastadas, otras colgadas del techo, en los ángulos del espacio. Varias de ellas pueden llegar a doblarse, caerse, asumir volumen, taparse, discurren hacia el piso. La acumulación de piezas convive con brotes, salpicaduras, chorreados a la pared que suman a la mirada micro y macroscópica tensionando la dinámica figura-fondo. Así, en este clima, Retroespectro señala un momento continuo, un estar haciendo.

Este estar haciendo, por su parte, se relaciona con las operaciones de la memoria artística: no sólo las especificidades del lenguaje pictórico, sino las maneras de hacer en nuestro país, su manera de narrar y de representar motivos. En este sentido, Agustín es un artista situado que produce dentro de un horizonte local con guiños a un entorno más amplio. Se ubica en un paisaje cultural donde la historia le da la mano al presente y moldea su mirada. Torcer la versión más estandarizada de la historia de la pintura y modular imágenes en caminos más laterales es una decisión que implica asumir una posición crítica con respecto al problema de la sala como dispositivo de

exposición. En Retroespectro se asume la configuración de un lugar habitado, en constante proceso y extenuación de trabajo. Escapa a la propuesta del cubo blanco que moldea la mirada de una manera específica y diagrama con otro tipo de razonamiento. Aquí no hay una secuencialidad de piezas a determinada distancia y altura, sino otra disposición que busca la colisión e inmersión en problemas actuales relativos a la imagen.

Sebastián Vidal Mackinson

Buenos Aires, noviembre 2024.